Este espectáculo viene acompañado de numerosas experiencias en torno al mundo agrícola, los espacios naturales, los monumentos y la gastronomía leridana.
En las Tierras de Lleida, la llegada de la primavera es anunciada por el estallido de vida y colores de la floración. Los árboles frutales y los almendros que se extienden por el Urgell, el Segrià y Les Garrigues ofrecen una postal tan efímera como espectacular. Una atracción que se ha consolidado como un reclamo turístico de primer orden y que atrae a visitantes que desean ver cómo vuelve la vida a los campos después del invierno. Además, cada flor que emerge narra la historia de los campesinos de Lleida, que es una historia de esfuerzo, arraigo y compromiso con nuestro entorno.
Después de los meses de frío y niebla, a los almendros y también a los melocotoneros y manzanos, entre otras variedades, les salen las flores y sus colores rosa y blanco se erigen en reclamo de miradas y paseos. Es la primera recompensa al trabajo bien hecho de los campesinos. La población local y también los turistas se encuentran frente a un cuadro al aire libre que transforma la fisonomía de Lleida en uno de los espectáculos naturales más cautivadores del sur de Europa. El corazón de esta implosión cromática late en el Segrià, sobre todo en los pueblos que forman el Baix Segre, así como en Les Garrigues y el Urgell.
Iniciativas pioneras como Fruiturisme de Aitona, que este año celebra su 15º aniversario, han puesto a este municipio en el mapa del turismo de floración. Las experiencias que se ofrecen en las Tierras de Lleida van desde visitas guiadas de la mano de los payeses hasta degustaciones de productos locales entre los frutales y almendros en flor.